La importancia del descanso

All time ready to run. Runner sleep in comfort run shoes

Si nos sigues desde el principio de este blog (y esperamos que sí) es probable que lleves ya meses entrenando, corriendo, nadando… ojalá hayas empezado a hacer deporte, o lo hayas retomado. Durante este tiempo seguro que has sido capaz de planificarte tus objetivos, asimilar tus rutinas, equiparte y, ojalá, haber animado a algún familiar o amigo a seguir tus pasos.

El deporte nos sienta bien. Durante estos meses confiamos en que hayas perdido grasa (que no tiene que ser peso), que te sientas mejor, que cuando duermas descanses más, que te sientas, en definitiva, una persona más viva, más enérgica.

Pero hay que reconocer una cosa: el deporte engancha. Para lo bueno pero también para lo malo. Esa es la realidad. Esperamos que no, pero quizá también te has obsesionado con los kilómetros que haces cada semana, con los ritmos, te enfadas si un día no puedes ir a entrenar, renuncias a ver a tus amigos porque sabes que te saltarás la dieta… en definitiva, dejas de lado una vida personal y social por el deporte. Antes o después nos pasa a todos. Nos engancha y es muy difícil soltarse.

Por eso, hoy vamos a pedirte lo contrario que solemos hacer: descansa. Deja que un día (pero un día, eh?) la pereza te venza si de verdad estás muy cansado. ¿Por qué es esto?

Bueno, ya sabemos que una mala calidad en el sueño puede hacernos engordar , y también sabemos que es mientras dormimos cuando nuestro cuerpo regenera nuestra musculatura. Es decir, es cuando de verdad mejoramos. Pero la realidad es que, más allá de eso, dormir poco (o descansar poco, mejor dicho) también nos puede llevar al sobreentrenamiento. ¿Y qué es eso? Pues siendo breves, y como te podrás imaginar, es llevar a nuestro cuerpo más allá de los límites que acepta. Cada cuerpo, en cada momento, en cada edad, en cada fase de nuestra vida, tiene diferentes tolerancias a la cantidad (y calidad) de entrenamiento que es capaz de soportar.
El sobreentrenamiento nos lleva a que este sea inútil (nuestro cuerpo no asimila más entrenamiento) y, mucho peor, nos puede llegar a provocar anemias o lesiones.

Pero no seamos alarmistas, se puede controlar. Aquí van unas pautas.

  1. No te obsesiones. Ten un plan de entrenamiento racional y lógico a tus condiciones. Lo mejor es que te asesores. Y síguelo, porque de nada sirve tener un plan si no lo sigues.
  1. No eres un profesional. No vives del deporte, no tienes un masajista sólo para ti, no tienes un nutricionista sólo para ti, no tienes un entrenador sólo para ti… Tienes tu trabajo, tu familia. ¿Que ellos entrenan mañana y tarde? Claro. Tú le dedicas 8 horas diarias a tu trabajo. Como mínimo, igual que ellos. Lo normal es que sea mucho más.
  1. Respeta tu sueño. Como hemos dicho, dormir bien es parte del entrenamiento. Es ahí donde el cuerpo realmente se siente mejor, al regenerar la musculatura. De nada sirve entrenar duro si luego el cuerpo no puede asimilar el trabajo.
  1. Respeta tu cuerpo. Una cosa es la pereza, que todos tenemos, y otra el cansancio. Y si estás cansado (cansado de verdad) no deberías entrenar.
  1. Respetar tu cuerpo significa también visitar al médico, hacerte análisis y parar cuando tengas alguna molestia muscular.
  1. Grábate a fuego esta frase: el descanso es parte del entrenamiento.

Así que, en resumen, al menos por hoy cambiamos el lema:

“Descansa. Entrena.”

 

 

 

 

¿Sabías por qué tenemos pereza a la hora de entrenar? Nacho Rubio te lo cuenta en este vídeo.

El autor: Antonio Cartier

Antonio no concibe la vida sin deporte. Es una parte de su forma de ser y de entender la vida. Y, aunque nunca ha sido especialmente bueno en ninguno, ha disfrutado jugando al fútbol, ha aprendido los conceptos básicos del Judo, ha alcanzado el cinturón negro de Kárate por la escuela Wado Ryu, ha corrido un maratón y hasta se ha atrevido con un triatlón distancia Medio Ironman.

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