Cuídate: tu cuerpo es importante

Cuando pensamos en hacer deporte todos tenemos claro que hay una series de cosas, de materiales, que necesitamos sí o sí: camisetas técnicas, mallas zapatillas, toallas… Y todos tenemos claro que ese material, poco a poco, se va desgastando y que tenemos que reponerlo.

Así mismo, tenemos muy interiorizado que todas las máquinas que usamos (ya sean en el gimnasio o nuestra bici, que también es una máquina) necesitan un mantenimiento: revisarla, engrasarla, limpiarla, desoxidarla…

Y sin embargo ¿qué hacemos, habitualmente nosotros, con la máquina más importante que tenemos? Exacto: a nuestro cuerpo le damos largas. Una y otra vez. Bajo la excusa de que no tenemos tiempo, de que estamos bien, de que podemos aguantar… vamos retrasando una y otra vez esas revisiones que nos aseguren de que todo está bien y en su sitio.

Hoy vamos a repasar tres simples formas de asegurarnos de que todo está bien, y de que nuestra máquina funciona como el motor de un Ferrari nuevo.

  1. Visita al fisioterapeuta. ¿Cada cuánto? 1 vez al mes. Aunque no te duela nada, el fisio te descargará las zonas más conflictivas y te evitará futuras lesiones. Siempre se ha dicho que “prevenir es mejor que curar” y aquí también se cumple esa máxima. Y lo es económicamente, mentalmente (no hay nada peor para la cabeza que querer entrenar y estar lesionado) y en la cantidad de dolor que vamos a tener que soportar. Porque si los masajes de los fisios suelen doler para descargar, cuando tienen que curar una lesión duelen mucho más. No te arriesgues y cada vez que salgas pide cita para el mes siguiente. Así no hay excusas.
  1. Hazte analíticas. ¿Cada cuánto? 2 veces al año. Es algo simple que apenas nos lleva unos minutos y que nos ayuda a detectar posibles irregularidades. Muy habitual es, especialmente en las mujeres, la anemia.
  1. Prueba de esfuerzo. ¿Cada cuánto? Una vez al año. Lo ideal es hacerlo después del periodo de pretemporada, cuando ya tengamos una base de trabajo y en función de los resultados de la prueba de esfuerzo ajustar las intensidades de nuestros entrenamientos. Además, son pruebas relativamente baratas (por unos 60-70 euros podemos encontrar algunas ¿y qué son 60 euros al año invertidos en seguridad en nuestra salud?). En caso de que no podamos ir a una o nuestro nivel físico sea muy muy bajo (estamos empezando a entrenar, por ejemplo) una buena opción también es pedirle a nuestro médico un electrocardiograma. Aunque viene bien para descartar alguna patología hay que tener en cuenta que un electro nos mide el corazón en reposo mientras que una prueba de esfuerzo nos lo mide (junto a nuestra respiración) en diferentes intensidades de trabajo. Es decir, que no son equivalentes, pero es una buena primera prueba.

Por último, acude siempre a médicos profesionales que acrediten terapias clínicamente demostradas. No te fíes de super descuentos, de vecinos/primos/cuñados que saben mucho de esto, o de pseudoclínicas que te curan de todo. Invierte dinero en tu salud. ¿Acaso hay algo más importante que tu propio cuerpo? No te la juegues.

 

 

 

 

Si quieres que ir al gimnasio se convierta en una costumbre, atento a estos consejos de Nacho Rubio.

 

El autor: Antonio Cartier

Antonio no concibe la vida sin deporte. Es una parte de su forma de ser y de entender la vida. Y, aunque nunca ha sido especialmente bueno en ninguno, ha disfrutado jugando al fútbol, ha aprendido los conceptos básicos del Judo, ha alcanzado el cinturón negro de Kárate por la escuela Wado Ryu, ha corrido un maratón y hasta se ha atrevido con un triatlón distancia Medio Ironman.

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