Una alimentación saludable para todos

francesc gascó

Vivimos tiempos en que vemos a la gente comiendo de puro capricho salvo cuando están “a dieta”. Pero lo cierto es que el equilibrio está en un punto intermedio. ¿Por qué vamos a renunciar a comer de todo para mantenernos en forma?, ¿por qué tanta gente se pasa la vida comiendo siempre lo mismo con tal objetivo? y ¿por qué muchos de ellos siempre parecen estar de mal humor?

Está claro que todos queremos vernos bien, pero una dieta constantemente hipocalórica no es una buena idea. Necesitamos una alimentación variada para que nuestro cuerpo funcione correctamente. ¿Acaso a tu coche le echas cualquier combustible? Pues lo mismo.

No quiero aburrirte con terminología pero permíteme que te hable brevemente de dos conceptos: macronutrientes y micronutrientes. Los primeros los necesitamos en grandes cantidades. Son, por decirlo de alguna manera, la argamasa, las pilas, el combustible. Los segundos nos hacen falta en pequeña dosis, pero son necesarios. Son, por seguir con el símil, pequeños recambios de fusibles, de engranajes, de cables. Pueden no parecer tan importantes como los macronutrientes, pero sin ellos,  funcionamos peor.

Dentro de los macronutrientes tenemos los carbohidratos, las grasas y las proteínas. Los dos primeros son básicamente fuentes de energía, mientras que los últimos tienen una función estructural. No solo necesitamos proteínas aquellos que entrenamos mucho, o los que quieren ganar músculo. Las necesitamos todos para que nuestros órganos y músculos se reparen y regeneran adecuadamente. Los hidratos son una fuente rápida de energía, como los que obtenemos de frutas y verduras. Y las grasas, pese a ser odiadas y temidas, son muy necesarias. Si, como lo oyes. Porque, además de ser una fuente de energía, las membranas de todas nuestras células están formadas por ácidos grasos. Y porque muchas de nuestras hormonas -que nos ayudan a funcionar y sentirnos bien- se forman a partir de moléculas de grasas, como el propio colesterol “bueno”.

Entonces, ¿cuál es la clave de una alimentación saludable? El equilibrio. Y para ello vamos a sentar tres bases:

 

  1. Intenta que tus platos tengan una fuente de proteínas, como el atún o la carne.

 

  1. No huyas de las grasas: el aceite de oliva y otras fuentes de grasas saludables te van a ayudar a mantener sanas tus células y tus niveles hormonales.

 

  1. ¿Y los hidratos? Pues trata de que provengan sobre todo de frutas y verduras. Así te aseguras de tener el aporte de vitaminas y mineralesmicronutrientes– que tu cuerpo necesita para esos fusibles, esos engranajes y esos cables que te hacen funcionar.

 

¿Ves? no es tan difícil comer bien. ¿A qué suena mejor que una dieta milagro de esas que abundan ahora antes de verano?

 

Francesc Gascó.

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