Cómo detectar la ansiedad en los niños

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El miedo nos acompaña desde la infancia, en algunos casos son temores considerados normales propios de las distintas etapas evolutivas (miedo a estar solo, a la oscuridad…) y otras veces es un miedo excesivo que puede llegar a interferir en el desarrollo de la vida del niño y generar un profundo sufrimiento.

Alrededor del 30% de los niños presentan problemas de ansiedad y depresión, así que suele ser un trastorno muy común ante el que los padres y otros profesionales han de estar atentos para detectarlo.

Situaciones como un divorcio, la muerte, la separación de familiares, la inseguridad, los traslados de ciudad, cambio de casa o colegio, desastres naturales y los accidentes suelen desencadenar crisis de ansiedad.

Otras veces no es debido a una causa externa sino al carácter del niño, es más frecuente la ansiedad en quienes tienen timidez y dificultades para socializar. También influyen los factores ambientales en los que los niños crecen, si hay conflictos familiares o problemas económicos, o si reciben mucha presión y exigencia en el estilo educativo, en cómo han de hacer las cosas, los deberes o responsabilizarse de sus actuaciones.

Aunque es un trastorno que no se suele exteriorizar a través de señales claras, sí que hay algunos síntomas y manifestaciones que pueden ayudar a detectar la ansiedad en los niños. Suele provocar:

  • Dolor de estómago sin justificación orgánica.
  • Dolor de cabeza.
  • Pérdida de apetito.
  • Muchas somatizaciones que hacen que el niño se enferme muy seguido.
  • Seriedad extrema, tristeza o poco ánimo.
  • Dificultad para dormir por las noches o pesadillas.
  • Irritabilidad, agresividad, rebeldía.
  • Aparición repentina de enuresis cuando ya lo había superado.
  • Se puede producir la hiperactividad vegetativa: taquicardia, sudoración, náuseas.
  • Tensión muscular que se manifiesta con inquietud corporal, agitación e incapacidad de relajarse.
  • Dificultad para la concentración.
  • Hipervigilancia y un estado de alerta continuo hacia lo que ocurre alrededor temiendo que algo malo suceda.
  • Miedo a alejarse del adulto. Querer pasar a la cama de los padres a una edad que ya no es habitual (a partir de los 6 y 7 años).
  • Quejas frecuentes, por ejemplo antes de entrar al colegio.

A veces estas señales de alerta pueden confundirse con llamadas de atención, manipulación o apego exagerado a los padres, pero conviene estar atento y consultar a un profesional si se detectan síntomas poco comunes.

También es importante hacer que el niño se sienta más tranquilo, por eso el papel de los padres y su comprensión son imprescindibles en estos momentos. Conviene hablar con los hijos, preguntarle por sus miedos y preocupaciones y explicarle lo que le pasa para que no se asuste.

Es un buen momento para llevarle a lugares tranquilos y probar con algunas técnicas de relajación adaptándolas a su edad y motivación, y practicar ejercicio físico. También es una etapa para utilizar más los refuerzos positivos que el castigo e ir fortaleciendo su autoestima.

El autor: Esther Camuñas

Me apasionan las personas, descubrir lo que sienten, escuchar lo que piensan y observar cómo lo expresan y cómo se comunican. Más de 12 años acompañando a organizaciones y equipos en su proceso de crecimiento, y tratando de aportar mi experiencia en comunicación para ayudarles a sacar lo mejor de sí mismos, su esencia.

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