Cambia tu vida con sencillos hábitos saludables, por María Villalón

Hace unos meses me hubiera resultado imposible escribir un artículo que hablara de vida sana y deporte, porque no podía estar más alejada de ambas cosas. Pero modificar mi alimentación y empezar a hacer deporte han cambiado mi vida, y quiero compartirlo con vosotros.

En la foto de la izquierda estoy yo hace aproximadamente un año y medio en el comedor del trabajo metiéndome entre pecho y espalda una sopa, una ensalada de pasta, un plato de patatas revueltas con huevo y un pescado con revuelto de verdura y huevo. Un absoluto descontrol comiendo que se repetía día a día en la comida, en la cena, entre horas y a cualquier momento. A esto hay que añadirle que jamás hacía nada de deporte, ni siquiera caminar. El resultado fue que mis análisis de sangre eran un desastre, que enfermaba constantemente, que subía unas escaleras y me infartaba, que no tenía energía y que el estar deprimida era algo casi del día a día.

María Villalón

Pero hace justo un año, todo comenzó a cambiar. Siempre había tenido un sueño: hacer el Camino de Santiago. Y el año pasado sentí que era el momento. Pero claro, ¿cómo caminar tantas horas al día con mi condición física nula? Tenía que empezar a entrenar, pero no sabía ni cómo ni en qué momento del día hacerlo. No tenía tiempo de nada. Así que di el primer paso en este proceso que este mes de abril cumple un año: empecé a ir al trabajo caminando. Ida y vuelta. Y no vivo cerca de mi puesto de trabajo, al contrario, estoy a seis kilómetros. Así que me armé de fuerzas y empecé a caminar todos los días doce kilómetros. Me dije: «En transporte público tardas una hora y andando una hora y cuarto. A cambio de quince minutos de más, puedes prepararte para el Camino». Así que me ponía mis zapatillas de deporte y arreaba para el trabajo hiciera frío, sol, niebla o no me apeteciera.

  • Consejo número 1: camina, ve andando a los sitios siempre que puedas, olvídate del coche, del metro, del bus… Camina, porque nos despeja la mente, nos hace sentir mejor, nos aclara las ideas, nos hace solucionar problemas y, sobre todo, mejora nuestra salud sin tener que hacer un esfuerzo estratosférico. Es un paso sencillo que puede cambiarlo todo.

En la foto de la derecha estoy haciendo un showcooking hace unos días, explicando cómo hacer unas sencillas recetas con latas de atún, porque las latas de atún hoy forman parte de mi alimentación día a día (hasta tal punto que he hecho un libro de recetas con ellas). Cuando volví del Camino me di cuenta de muchas cosas, entre ellas de que tenía un problema con mi alimentación. Engordé cuatro kilos en mi peregrinaje. Comía mal todo el rato y en cantidades industriales. Así que dije «hay que dar un paso más». Y es que comer sano y bien no significa ni pasar hambre ni nos impide comer platos que verdaderamente estén para chuparse los dedos. Desde entonces cuido mi alimentación estrictamente de lunes a viernes y me doy algún que otro capricho el fin de semana. Y os aseguro que cuando comemos de todo pero sano y con cabeza, nuestro cuerpo se educa y lo que al principio resulta complicado, se convierte en un hábito que nos dará calidad de vida. No se trata de hacer dieta, las dietas a mí me hacen infeliz, sino simplemente de comer bien.

  • Consejo número 2: come bien, ya no por estar más gordo o más delgado, sino por salud, porque nos vamos a sentir mejor. Había noches que ni podía dormir porque cenaba tanto y tan mal que mi cuerpo no podía digerirlo bien sin hacerme pasar la noche en vela. Una mala alimentación acaba pasando factura, y no merece la pena.

Cuando cambié mi alimentación, empecé a sentirme muchísimo mejor, con más energía, fuerza y ganas de mover el cuerpo. Y así llegué a la tercera fase: mi cuerpo me pedía hacer más deporte, ya no solo me bastaba con caminar. Así que empecé a entrenar en el parque, en sitios al aire libre que me motivaran, porque realmente pensar en un gimnasio y hacer cosas con las máquinas no era lo que más me llamaba del mundo. Pero entonces descubrí las clases colectivas de los gimnasios. Un día acompañé a un amigo a una clase de boxeo y me gustó tanto que por primera vez en mi vida me apunté a un gimnasio. Y, oye, ya que pagaba, ¿por qué no probar con otras clases? ¡Qué gran momento en el que lo hice! Ahí descubrí que hacer deporte puede ser muy gratificante, pero, sobre todo, muy divertido, porque en este tipo de clases conoces a mucha gente y se genera un ambiente que nos contagia las ganas de seguir yendo. A día de hoy, el deporte es mi mejor medicina, mi poción antiestrés, mi manera de olvidarme de los problemas y liberar endorfinas.

  • Consejo número 3: haz deporte, busca una actividad que te motive. Yo he probado boxeo, body combat, xCore, pilates… Al principio se me daba todo fatal, ¡pero da igual! No tengas miedo ni vergüenza a probar hasta encontrar lo que te guste, porque cuando lo encuentres, sacarás tiempo para hacer deporte al menos tres veces por semana, porque se convertirá en una motivación y una necesidad, sobre todo cuando empieces a ver los resultados y te des cuenta del bien que puede hacer por nosotros el deporte no solo en nuestro cuerpo, sino en nuestra cabeza.

He utilizado la foto del antes y el después porque se puede ver claramente una evolución, he perdido unos diez kilos, pero el cambio físico para mí no es lo más importante que hay detrás de esta historia, sino cómo gracias a cambiar mi alimentación y hacer deporte he conseguido ser una persona saludable, que tiene energía, que ya no se ahoga viva subiendo unas escaleras, una persona que sabe gestionar sus problemas de otra manera y tener una vía de escape maravillosa llamada deporte que me salva cuando las cosas no van bien.

Está en vuestras manos. Si yo he podido vencer a la pereza, aprender a llevar una buena alimentación y dar hoy las gracias por haberlo hecho y haber cambiado así mi vida, te aseguro que tú también. Como decía Einstein, «Si hacemos lo de siempre, obtendremos los resultados de siempre». ¡Llegó la hora de cambiar y que todo vaya a mejor!

María Villalón.

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