No es lo mismo estar triste que deprimido

La depresión es una de las dolencias más comunes de la humanidad. Una de cada cinco personas sufre depresión o en algún momento de su vida ha pasado por algún trastorno depresivo.

Aunque coloquialmente se utilice el término depresión como sinónimo de tristeza, son dos estados diferentes que conviene entender, conocer cuales son sus manifestaciones y síntomas para poder diferenciarlos.

A veces la confusión puede inducirnos a estar excesivamente preocupados y reaccionar a una emoción normal como es la tristeza. O por el contrario, no querer aceptar y tratar la depresión alargando una tristeza persistente y un estado de ánimo de abatimiento y vacío que podría ser cuidado.

La tristeza es una emoción que todos hemos experimentadoal igual que la alegría, el miedo o la rabia. Estar triste de vez en cuando es normal y es una emoción inevitable que surge ante una situación dolorosa o difícil, ante una pérdida o decepción. La tristeza se desvanece cuando vamos aceptando lo ocurrido, cuando hemos hecho el duelo y cuando nos permitimos estar tristes sin pelearnos por ello  sabiendo que llegarán otras emociones a las que dar paso y recuperaremos la alegría de vivir. Llorar, cuando se necesita, ayuda a desahogarnos y sanar las heridas sin tratar de demostrar y fingir que estás bien. Date tiempo para vivir la tristeza, para estar contigo, escuchar música melancólica, entender de dónde viene y dejar que la pena pase sin que se convierta en un estado crónico.

Cuando la tristeza persiste y afecta a nuestro estado de ánimo y humor, podemos encontrarnos ante una de las señales de la depresión. De ahí que a veces se confunda la depresión con uno de sus principales síntomas que es la tristeza generalizada.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo o del humor y para no confundirla con la tristeza contamos algunos de los síntomas que pueden ayudar a detectarla:

  • Tristeza, inquietud, irritabilidad, ansiedad, sensación de vacío o nerviosismo. Sentimientos de culpa excesivos.
  • Apatía, pérdida de interés en casi todas las actividades, dificultad para experimentar placer, expresar lo que se siente o para tomar decisiones cotidianas.
  • Pérdida de memoria, atención y concentración. Afluencia de pensamientos negativos e incluso ideas de muerte o suicidio.
  • Sensación de cansancio, baja energía, lentitud en el habla o en el comportamiento. Síntomas físicos que no responden al tratamiento como dolores de cabeza, de estómago, etc.
  • Problemas de apetito y cambios de peso, trastornos del sueño y pérdida del deseo sexual.

Este artículo es solo una guía así que no dudes en consultar a un profesional de salud mental para obtener un diagnóstico certero y valorar la severidad de los síntomas.

 

 

 

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El autor: Esther Camuñas

Me apasionan las personas, descubrir lo que sienten, escuchar lo que piensan y observar cómo lo expresan y cómo se comunican. Más de 12 años acompañando a organizaciones y equipos en su proceso de crecimiento, y tratando de aportar mi experiencia en comunicación para ayudarles a sacar lo mejor de sí mismos, su esencia.

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