Natación para niños, ¿cuándo y cómo empezar?

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Aunque parece aún lejano, el verano llegará antes de lo que nos pensamos. Muchos padres empiezan a plantearse ya cuándo y cómo deberían aprender a nadar los más pequeños de la casa y poder así disfrutar al máximo de la playa, la piscina o el pantano más cercano.

Moisés Gosálvez es el director de la Escuela Nacional de Entrenadores de la Real Federación Española de Natación. Como experto, diferencia por un lado aprender a nadar para conseguir una autonomía, no ahogarse y poder desenvolverse dentro del agua y, por otro, aprender a nadar de forma eficaz para poder competir.

“En el primer caso, los niños y niñas no alcanzan esa autonomía más o menos hasta los tres años, entendiendo por autonomía que se valen por sí mismos para controlar su cuerpo en el agua y desplazarse sin ningún tipo de ayuda ni problema. Para lograrlo, lo mejor es empezar cuanto antes tomando contacto con el agua en casa con los padres, como medio diferente al habitual. De este modo, le será familiar y el bebé ya conocerá las sensaciones y las percepciones”, explica.

En este sentido, advierte que hay un periodo crítico entre el año y medio y los tres años, porque los padres piensan que los niños ya son autónomos, pero no tienen aún la capacidad motriz para desenvolverse en el agua.

En cuanto a la competición, las categorías comienzan con seis años “pero, con esas edades, el objetivo no es buscar el resultado, la marca o el puesto.”

“En caso de que el niño tenga terror al agua, se deben analizar las causas de dicho terror. Probablemente, se deba a que ha tenido una experiencia negativa en el ámbito doméstico. Hay que presentarle el agua al niño como una forma de divertimento, como un sitio donde se lo pasa bien, como un medio donde puede disfrutar. Lo que nunca hay que hacer es forzar situaciones y hacer un abordaje individualizado, porque cada niño es un mundo”, aconseja.

¿Mar o piscina?

Una duda que nos podemos plantear es si es más interesante aprender en el mar o en la piscina. Como recalca Gosálvez, “el mar tiene un aspecto lúdico con las olas e incluso hay más flotabilidad, lo que favorece el aprendizaje. Pero siempre es recomendable que el profesor o el monitor que enseñe sea un profesional. Ahora está muy en boga que los padres participen en las clases –es lo que se llama matronatación–, pero deben hacerlo siempre bajo la tutela y supervisión de un profesional”.

En caso de que el niño tenga una patología como el asma, se deberá advertir al monitor para que esté preparado y sepa cómo responder. La natación puede ayudar en el ámbito terapéutico, en problemas de espalda por ejemplo,  ya que el agua favorece ciertos movimientos y posiciones por la horizontalidad y la menor gravedad. Pero, como advierte el experto, que compitió en los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, “no cura”.

El autor: Javier Granda

Periodista freelance especializado en salud, escribe en los principales medios dirigidos tanto a médicos y farmacéuticos como público en general. Primer premio de la Asociación Nacional de Informadores Sanitarios a la mejor labor de comunicación en salud.

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